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viernes, 25 de noviembre de 2011

Cardenal Ortega: “…la virgen fue hallada por dos mestizos que eran hermanos y un indio, y no dos negritos…”


Por Calixto Ramón Martínez.
La virgen de la Caridad del Cobre, patrona y madre espiritual de los cubanos, pasa por las iglesias de los poblados de Ponce y Calabazar de esta ciudad en su largo peregrinar por el país, en conmemoración por los 400 años de su hallazgo.
Una calurosa bienvenida les dieron los residentes de estas localidades a la virgen mambisa, como la llamamos la mayoría de los cubanos, apostándose a los lados de la carretera a su entrada, y rodeándola cuando la conducían al altar donde iba a ser colocada, mientras se oían gritos de, ¡viva la Virgen, viva la madre de todos los cubanos!
Mientras los fieles se agrupaban alrededor de la estampa bendita para venérale y pedirle, los curas acompañados por el cardenal Jaime Ortegas conversaban con los presentes mientras les bendecían.
“Agradecemos a todos los presentes por asistir a este recibimiento para celebrar junto a nuestra madre la Virgen de la caridad, los 400 años de su hallazgo por la Bahía de Nipe”, dijo el cardenal al pueblo que se había congregado y explicó.
“… Y la virgen fue hallada por dos mestizos que eran hermanos y un indio, y no dos negritos como dice la historia, pero lo importante es que ya estaba allí la presencia de la sangre cubana”.

viernes, 3 de junio de 2011

Un espaldarazo para el monstruo


Narciso Díaz Rodríguez/ Hablemos Press.

Fotografías archivo de Hablemos Press.

Ciudad de La Habana.―Sobre la arena del circo arrojaron a aun monstruo. El público vociferaba enardecido mientras el César hacía señas a gladiadores armados para que lo hirieran sin piedad, y si es posible, por la espalda.

El Instituto Nacional de la Vivienda, ese engendro legado del derecho socialista al estilo soviético, pareció haber sido uno de los chivos expiatorios bien escogidos para anunciar su ejecución pública en un tiempo de “reformas” que no llegan.

Los personeros del régimen de La Habana, hicieron correr el rumor de que la Vivienda, como abreviadamente se reconoce al perturbador Instituto, otrora organismo central del Estado, y luego una rama integrante del Ministerio de la Construcción, estaba destinado a desaparecer como una muestra de las mejores intenciones de agilizar el sistema. Pero, ¿será esto cierto o estamos en presencia de uno de los espantosos espejismos provenientes de las misma fuente?

El Segundo Secretario del Partido, Machado Ventura, en una reciente reunión partidista, se mostró molesto por la existencia de asentamientos urbanos en los alrededores de la zona turística de Guardalavaca, al sur de la provincia Camagüey. Qué horror, el pueblo cercando nada menos que a los turistas con su “indigencia”.

Días atrás, en una de las aburridas comisiones del VI Congreso del Partido, específicamente la presidida por Ramiro Valdés, se vio a una delegada, no sin cierto temor y hasta inquietud, solicitar que se tuviera en cuenta, en el tema de la vivienda, la posibilidad de legalizar las actuales “ilegalidades”. Esto parece un contrasentido, pero cuando se trata de la Vivienda, en Cuba, se habla así.

En esa ocasión el Comandante Valdés atajó de inmediato la propuesta de la delegada. “Tenemos que tener mucho cuidado”, dijo midiendo las palabras, “porque si abrimos las puertas a las ilegalidades”… Sin duda que todos los delegados entendieron el final y el contenido de las frases.

Pues bien, lo que ha ocurrido en Guardalavaca, y en decenas de lugares dentro de la isla, es precisamente una de esas “ilegalidades”.

Asentamientos poblacionales improvisados, y caseríos rudimentarios, brotan como burbujas y amenazan con extenderse a lugares insospechados a lo largo de toda la isla. Es la respuesta natural de un pueblo obligado por generaciones enteras a vivir comprimido en espacios demencialmente reducidos.

Abuelos, hijos, nietos, hermanos, tíos, sobrinos y demás colaterales, deben olvidar por siempre la esperanza sana de vivir en un recinto donde la intimidad sirva de base para una vida digna. ¿Y qué órgano, qué fuerza intimidatoria y física ha logrado demostrar, durante decenios, que es posible ese absurdo social? Ese instrumento, monstruoso por cierto, ya existe. ¿Para qué complicarse en crear otro, o peor, movilizar el ejército o la policía en tareas como desalojar mujeres y niños declarados “ilegales”?

Cuando Ventura habló del tema de las construcciones ilegales a sus subordinados militantes, lo hizo en su acostumbrado estilo apagado pero insistente. Señalaba a la mesa con ambos dedos índices mientras enfatizaba la siguiente frase: “La Vivienda, como institución encargada de estos casos, debe velar porque no se cometan tales ilegalidades. Siempre ha sido importante evitarlas, ¡y ahora más que nunca!”

Pues bien, esto parece un cambio, o mejor dicho, una vuelta al constante pasado, a las fórmulas tradicionales de la vieja maquinaria.

Las palabras del alto dirigente no pueden ser menos que un espaldarazo para los funcionarios de la Vivienda, quienes ya se veían encabezando la lista de los anunciados despidos. Por ello, no es difícil concluir lo siguiente: mientras el régimen sobreviva, existirá el Instituto Nacional de la Vivienda, ya sea con ese nombre o con otro, pero siempre en su condición de civil. Después de todo, los funcionarios civiles saben que su verdadero código es militar. Alguien tiene que seguir ajustando la camisa de fuerza al pueblo, a los millones que se agolpan en un enajenante transporte público, para moverse de un lugar a otro y regresar a sus hogares al borde del derrumbe, sucios, divididos y superpoblados más allá del límite.

Es por eso que a las marionetas del César, las más cercanas, les toca ahora interpretar sus señas y pedirle al monstruo que se levante de la humillante arena. Acabó el espectáculo. Los que lo creyeron, tendrán otro motivo para lamentarse. Para el monstruo, llegó la hora de actuar una vez más y demostrar su indiscutido valor, pues fue especialmente creado no para disolver las “ilegalidades”, sino y sobre todo, para amedrentar, contener y reprimir.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Bravo por Estella

Por José Alberto Álvarez Bravo/ Hablemos Press.
La Habana, 25 de mayo.―Luisa Estella Morales, presidenta del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela, hace declaraciones en La Habana que deben haberle resultado bastante incómodas a las autoridades cubanas.
Doña Estella arribó a Cuba “acompañada de una delegación de magistrados venezolanos para participar en un intercambio del Convenio de Colaboración Bilateral existente entre el Tribunal Supremo de Justicia de su país con su homólogo de la isla”, según un despacho de la agencia EFE, fechado en La Habana el 17 de mayo de 2011 y publicado por el Nuevo Herald.
Es de imaginarse la aquiescencia protocolar entre estas personas y sus pares cubanos, emparentados en el oficio de justificar las marrullerías de los respectivos “presidentes” de Venezuela y Cuba, afanados ambos en permanecer en el poder hasta el fin de los tiempos. Al no poder presenciar los encuentros entre estos colegas, hay que seguir imaginando los esfuerzos desplegados por Doña Estella y su séquito para cultivar amplias sonrisas en los arrugados labios de los gobernantes cubanos.
En un aparente desliz, la respetable señora dijo algunas frases que, también dando rienda suelta a la imaginación, deben haber congelado las sonrisas en algunas añejas bocas. Hasta el mostacho de Don Remigio debe haberse estremecido en un irreprimible tic.
Quizás algunas bocas prudentes le hayan susurrado a la oreja de la ilustre presidenta que tenga más cuidado al mencionar la soga en la casa del ahorcado.
Lo que aduce no entender su ilustrísima presidenta tampoco lo entendemos los cubanos, ni los demás terrícolas vivan donde vivan:
“No entendemos como pueda justificarse un acto que cobre vidas a personas inocentes y que ello no sea juzgado debidamente”, acota la señora Estella.
Por hacer este mismo señalamiento, los disidentes cubanos nos exponemos a todas la modalidades de represión que penden sobre nuestras cabezas, porque mientras Doña Estella se refiere específicamente al doloroso caso del avión de Barbados, nosotros incluimos a las avionetas de Hermanos al Rescate, al yate Río Canímar y al Remolcador 13 de Marzo, por solo citar los casos más conocidos y espeluznantes.
Ajena a lo corrosivo de sus palabras ante personas con un sentido muy peculiar de la justicia, agrega que “hacer la vista gorda” en casos como éste “es un acto de barbarie”.
Parece evidente que algún susurro, fugaz y bien colocado, o algún guiño inteligente y apenas perceptible, enderezó el mal rumbo de las palabras de su señoría chavista. Pisando con más cuidado, no se atrevió a usar en superlativo el adjetivo larga para referirse a la experiencia de los juristas asalariados de la dinastía Castro. Haber dicho “larguísima” podría haber sido interpretado en más de un sentido.
Enderezado el rumbo, la señora se deshizo en amorosas comparaciones entre el castrismo y el chavismo, acotando que “en Venezuela apenas tenemos diez años de cambios estructurales”, y otras perlas de la adulona retórica de los continuismos totalitarios.
Por más baba que destilara la Doña para edulcorar el lóbrego destino de los juristas amaestrados, nada puede desvirtuar la pertinencia de sus palabras iniciales, razón más que suficiente para decirle desde mi arresto domiciliar: “bravo por Estella”.